La vuelta a lo analógico está siendo un fracaso.
Una pena, era una buena idea.
La tendencia de la vuelta a lo analógico se ha convertido en la más irónica que he vivido en muchos años.
Estar menos online es una necesidad. Estamos más de 5 horas al día con el móvil, lo cogemos 186 veces (cada cinco minutos que estamos despiertos). El 80% lo mira al despertarse y casi la mitad se considera adicta.
Aquí es donde nace el intento global de volver a lo analógico para escapar de estar crónicamente online.
La idea era buena. Pero se ha convertido en un arma de venta en tan solo unos meses.
Del movimiento cultural al “What’s in my Analog Bag”
El movimiento pro analógico ha adquirido diferentes formas en 2026. Pero ha sido el “analog bag” (bolso analógico) el que lo ha hecho explotar.
El “analog bag” no es más que tener un bolso lleno de objetos analógicos, que coges al salir de casa en vez de tu móvil. La idea es sustituir el scroll infinito por hobbies más saludables.
Parece sencillo: metes en un tote bag una cámara antigua, libros, una Game Boy, dos libretas, una agenda, libros de colorear, acuarelas, un discman… Y se acabó el estar pegado tu iPhone.
Suena apetecible.
Y os confieso una cosa, yo no me quedo fuera.
Estar offline resuena conmigo y poco a poco fui cayendo en lo analógico. No lo tengo todo guardado en una tote bag, pero he acabado comprando varias plumas y libretas, una cámara Minox 35 GT (que por suerte uso), un mini ebook sin internet, un iPod de 2005 que no he usado nunca y varios libros físicos esperando a que los lea.
Sí, yo también estoy dentro.
La primera vez que el concepto de bolso analógico se viralizó en redes fue de la mano de Siece Campbell. Lo popularizó en el formato “Qué hay en mi bolso” pero en versión analógica y creó una serie en la que actualiza su bolso cada mes.
A la audiencia le encantó, se viralizó y ahora está en todas partes.
La fina ironía del “What’s in my Analog Bag”
El “What’s in my Analog Bag” convirtió al instante el deseo de escapar de internet en contenido perfecto para internet: “Mi bolso analógico tiene todo esto, cómpralo para estar offline tú también (lista de links de la que cobro comisión)”.
La ironía es bastante evidente. Entras a internet para ver vídeos sobre actividades que te alejan de estar online y acabas entrando en Amazon para comprar quince objetos que supuestamente usarás fuera de internet.
Pero hay algo más que esta contradicción. Hay un patrón.
El “What’s in my Analog Bag” es el ejemplo perfecto de cómo hasta las tendencias más contraculturales y alternativas son capitalizadas por el sistema de consumo y las plataformas.
El movimiento analógico ha sido absorbido por el sistema repitiendo un patrón que ya vimos con el Minimalismo, el Mindfulness, el Zero Waste o el Running.
El patrón funciona así.
Primero hay una idea genuina, casi siempre nacida de una necesidad o tensión real: alguien quiere comer mejor, vivir con menos, estar más sano, socializar más… Esa persona lo comparte de una manera vulnerable y conecta con gente que siente lo mismo.
Ese grupo crece y alguna marca o influencer detecta la oportunidad de mercado. Entonces convierten la idea en una estética o “core”. Y al final la traducen en una lista de objetos que supuestamente debes comprar si quieres formar parte del movimiento.
Un plan éticamente debatible pero magistral.
El plan responde a una verdad fundamental (de la que ya te hablé aquí): hemos perdido la habilidad de crear una identidad propia dentro de tanto ruido así que intentamos construirla comprando objetos.
Por eso el contenido que triunfa sobre la vuelta a lo analógico no es el que habla maravillas de su biblioteca local. Tampoco es el que te explica el cambio que ha sufrido su vida al escribir a diario y te pide que uses cualquier libreta vieja que tengas en casa.
Es el que te da una lista de cosas que puedes comprar.
Cuando compramos una bolsa llena de cosas analógicas estamos comprando la idea de ser alguien lo suficientemente consciente e interesante para estar alejado del mundo digital.
Y seguramente queremos ser esa persona. Pero comprar objetos solo nos hace parecerlo: para cambiar de verdad hay que cambiar lo que hacemos.
Esta táctica de influencers y marcas ha conseguido que el movimiento analógico se vacíe de significado y se convierta en una herramienta de ventas.
Pero la necesidad inicial sigue estando ahí, sin resolver. Seguimos estando agotados crónicamente online, pero con un bolso bonito en el perchero.
¿Quizá no queremos estar offline? Te lo cuento la semana que viene.





