Bugonia, la crisis de identidad y el poder del "Nosotros vs Ellos"
La estrategia más vieja de la historia.
Hola.
Hace mucho tiempo que no escribo, he pasado por muchos cambios y quería concentrarme en disfrutarlos.
Actualización rápida para los que se preocupan por mí pero no somos tan cercanos como para llamarnos (y para los stalkers también, why not?):
Ya no trabajo en Kave Home, ahora soy consultor y estratega freelance (una de las mejores decisiones de mi vida). Voy a ser tío, tengo el pelo más largo, me compré unas Tabis, me voy a Tailandia un tiempo, he aprendido a hacer ramos, he desempolvado mi Olympus PEN de 2011, y estoy muy feliz, tranquilo y con las creencias limitantes bajo control.
Ok, ahora ya podemos pasar a lo que de verdad importa.
Bugonia, mi excusa perfecta para hablar de la polarización en internet.
Empecemos con una pequeña e ilustrativa cita de Emma Stone en Bugonia, de Yorgos Lanthimos:
Michelle: You can’t beat me because you are a loser and I’m a winner and that’s fucking life!
Bugonia es una película difícil de recomendar, pero me caló porque lleva al extremo satírico el “Nosotros vs Ellos”: humanos vs aliens, pueblo vs líderes, conspiranoicos vs científicos, listos vs tontos. Conflictos que están a la orden del día, contados de forma exagerada, pero no tanto. Podría ser un capítulo de Black Mirror si no fuera por el final (no os spoileo).
Llevaba tiempo dándole vueltas al patrón de agresión argumental digital que se ha instalado en internet: Derecha vs izquierda, terraplanistas vs científicos, Trump vs no Trump, veggies vs no veggies, creyentes vs no creyentes, Barça vs Madrid…
Nosotros vs Ellos.
Y justo por eso el tema de la película me ha venido al pelo (no como a ella).
Aunque parezca duro y bélico el concepto de Nosotros vs Ellos, no es nada nuevo. Es algo que nos acompaña desde que tenemos consciencia, es una estrategia ancestral, incluso tribal, que se está potenciando por varios factores, la mayoría de ellos relacionados con la revolución digital.
La realidad es que cada vez escuchamos menos a los que no comparten nuestros ideales, nos aferramos a los nuestros y los defendemos de forma vocal y feroz.
Pero, ¿por qué?
No sé cuándo ocurrió, pero cuando me di cuenta, este “¿por qué?” ya me había encerrado en una habitación llena de preguntas más profundas de lo que parecen:
¿Estamos realmente informados sobre lo que defendemos?
¿Son creencias genuinas o hemos caído como resultado de una estrategia de comunicación poco ética?
¿Las cámaras de eco están haciendo que mi algoritmo cree realidades distorsionadas?
¿Compartimos creencias genuinas o simplemente estamos intentando construir una reputación digital?
¿Compartimos por stories nuestro último Labubu, un té Matcha y nuestra defensa por las minorías desfavorecidas con el mismo objetivo?
¿Por qué sentimos la necesidad de destruir el argumento del que piensa diferente y además hacerlo públicamente?
¿Defendemos realmente las minorías o construimos nuestra reputación digital de manera cínica?
Después de algunas conferencias, libros y kilómetros en la montaña dándole vueltas, os traigo un pequeño marco conceptual que quizá puede responder a este gran “¿Por qué?”.
Mi hipótesis: la crisis de identidad global que genera un loop infinito de agresión digital.
No es un modelo científico ni un paper de sociología (ni pretende serlo), solo son mis pensamientos ordenados intentando entender por qué la polarización, el discurso de odio, las fake news y la radicalización nos están inundando cada vez más.
Esta fue mi teoría y de momento, estoy muy cómodo con ella. No es muy alentadora, pero sí creo que explica qué está pasándonos.
Empecemos por la primera fila:
1. Revolución digital
La tecnología no solo cambió la forma en la que nos comunicamos: cambió la forma en la que existimos. Ya he hablado mucho sobre ello (te recomiendo leerte esta newsletter antes de seguir). Estamos aprendiendo a vivir en dos mundos a la vez, a tener dos corazones que bombean a diferente velocidad: el físico y el digital.
La digitalización, ha acelerado y democratizado todo, potencia el anonimato, cambia nuestra manera de consumir noticias y nos deja pegados a pantallas con algoritmos curando lo que nos llega. Uno de los side effects es el punto 2.
2. Crisis de identidad global
Cuando todo se mide en visibilidad y aprobación, la identidad se fragmenta y la personalidad se reduce al mínimo común denominador para no ser censurado o ridiculizado digitalmente. Como resultado tenemos una homogeneización global.
Si os digo pantalones baggy, té matcha, adidas Gazelle, un iPhone con el último disco de rosalía en los auriculares y una chaqueta de aviador… ¿a cuánta gente estoy describiendo?
Ya no sabemos quiénes somos sin los demás. La personalidad y la esencia se ha fragmentado y cada vez cuesta más ser uno mismo y no ser uno más.
Y en esa confusión, lo que antes era una pregunta filosófica (“¿quién soy?”) se ha convertido en un algoritmo que responde por ti. (Por mí también, no me escapo, no).
3. Necesidad de pertenencia
La falta de identidad genera ansiedad. No tener un propósito y no saber quién eres te lleva a aguas oscuras. Así que, cuando no tenemos respuesta a “quién soy”, buscamos desesperadamente pertenecer a algo, abanderar alguna causa para dar sentido y propósito a nuestro interior.
¿Qué es lo que ocurre cuando no tenemos identidad, pero no somos conscientes de ello?
Lo mismo que ocurre cuando estás aburrido y necesitas dopamina: sacas el móvil y te alimentas con él.
Identidad creada. No con fundamentos sólidos, sino con afinidades momentáneas.
Es más fácil crearte una identidad siguiendo el nuevo trend, llevando la última prenda que lleva todo el mundo o defendiendo las causas por stories que todos los buenos defienden que enfrentarte cara a cara con tu silencio interior. Lo entiendo.
En este punto, ya te da igual si es política, estética o ideológica: lo importante es sentir que perteneces a algo.
4. Agentes polarizantes
Que tú quieras pertenecer a algo se puede diseñar. La información no es diferente de un producto. Trump y una Airfryer, tampoco.
Aquí entran los que saben usar esa necesidad. Los que entienden que, si nos das un enemigo común, te seguiremos hasta el fin de los días. Da igual si el discurso es verdad o no, no venden información, venden pertenencia.
Y lo hacen con una herramienta perfecta para su estrategia: los algoritmos, que amplifican lo que más divide, lo que más debate genera. Internet nos ha dado voz a cada uno de nosotros pero la visibilidad solo a unos pocos.
En 2025 todos podemos hablar, pero los algoritmos deciden a quién vamos a escuchar.
5. “Nosotros vs Ellos”
¿Cuál es la narrativa o la estrategia comunicativa más básica, potente y peligrosa de todas? La estrategia más antigua de nuestra historia, esa que apela al instinto de supervivencia en una guerra.
Nosotros (buenos) acabamos con Ellos (malos).
Blanco y negro. Radicalismo. Discursos claros, potentes, básicos y demagógicos. Sin apertura de mentes, sin escuchar al otro. Soldados de una única verdad.
Los bandos ya no se enfrentan en el campo, sino en los comentarios.
Y el algoritmo, que (a priori) no distingue entre información y conflicto, elige siempre el contenido más rentable: el que te hace sentir algo, da igual si es rabia, miedo u odio.
El conflicto retiene, la serenidad y el silencio no.
Aquí empieza el loop infinito
6. Radicalización emocional
Cuanto más sentimos, más adherencia generamos con ese content creator, con ese líder político o con esa verdad digital. Y por tanto, más nos sentimos parte de ese grupo. De pronto notamos la serenidad que nos da encontrar un propósito y la paz que nos da saber que hay más como tú en el mundo. Y de pronto, no queremos alguien nos robe ese momento, es nueva identidad, esa nueva familia.
Así que empezamos a defender el grupo a toda costa. Defiendes a los tuyos y os sentís fuertes.
“Lo nuestro está bien. Lo vuestro está mal”
Traducción: No queremos aprender de vosotros, no queremos que nos hagas pensar. No me robes esta nueva identidad y este grupo porque si no, no soy nadie, no soy nada. Y me da miedo.
Es entonces cuando la respuesta visceral se materializa y el odio, la ironía y la humillación empiezan a funcionar como censura y, a la vez, combustible del sistema.
Radicalización servida.
7. Batalla cultural
En este punto nos encontramos ante un escenario en el que tenemos grupos definidos, antagonistas y radicalizados emocionalmente. Además, todo el mundo tiene voz. El siguiente paso es claro: la guerra dialéctica.
“Yo gano, tu pierdes.”
Cada bando se alimenta del otro en una feroz batalla digital anónima en la que cada grupo está defendiendo su visión y atacando la del resto. Las redes no crearon la batalla cultural, (esto antes se llamaba propaganda política) pero sí la convirtieron en entretenimiento, en un teatro digital en que no somos reales, solo creemos que lo somos.
Ya no debatimos ideas, ahora interpretamos roles, somos estereotipos.
8. Filtros burbuja
El último paso del loop.
En este punto tu algoritmo ha detectado lo que te gusta y no va a dejar de alimentarte con ello. Tu realidad se va a volver cada vez más afín a ti.
Ahora solo ves lo que confirma tu versión del mundo, y lo demás desaparece. El algoritmo se convierte en un editor personal que, sin darte cuenta, te encierra en tu propia narrativa.
Y volvemos de nuevo al Nosotros vs Ellos, esta vez más fuerte que la anterior.
¿Y la culpa? Más bien nuestra, para ser sinceros. ¿A cuánta gente hemos dejado de seguir cuándo ha compartido algo que desafía lo que pensamos?
¿Y ahora qué?
Pues, todavía no tengo respuestas, solo preguntas. Os puedo decir que creo firmemente en la responsabilidad individual de cada uno y en que la culpa no es ni de las tecnologías ni de conspiraciones. Así que, entiendo que cada uno es autosuficiente para mitigar este efecto y salir del loop (Si así lo quiere, claro).
Creo que cuando la realidad digital encaja demasiado bien con tus creencias, deberías sospechar. Cuando nada te está haciendo dudar o sentirte incómodo deberías preocuparte porque la endogamia digital está llamando a tu puerta.
Por mi parte, simplemente intento escuchar varios puntos de vista aunque me resulten incómodos, no juzgar demasiado al que piensa opuesto a mí (aunque a veces cuesta y mucho) y no encasillarme en un movimiento o ideología concreto como si fuera un hincha de un equipo de fútbol.
Analizo e intento tener pensamiento crítico. Acepto orgullosamente que no tengo conocimientos profundos de algunas causas como para posicionarme y soy consciente de que los agentes polarizantes existen. Intento ser curioso y no buscar respuestas, simplemente aprender qué ocurre en el mundo y por último, intento no ser vocal respecto a mis opiniones si no me pregunta nadie.
Quizá el reto no sea tener razón, sino escuchar lo suficiente para crearnos a nosotros mismos.
Un abrazo,
Héctor Fox.









Me ha gustado el análisis, Héctor. Gracias ❤️
PD: Ánimo en la nueva etapa freelance. Disfruta de la merecida libertad.